Silvia Marsó: “No creo en el teatro de forma, sino que creo en el teatro de contenido interior”

Hoy queremos compartir la segunda parte de la entrevista que pudimos hacerle a la actriz Silvia Marsó, nuestra actual embajadora de Casen Fibra. En esta segunda parte, Silvia nos habla de su trabajo: la interpretación, un trabajo para el que necesitas contar con mucha fibra.

Has trabajado mucho en teatro con obras de grandes maestros como Lorca, Mihura, Sweig, Tenessee Williams, Ibsen o Cervantes. ¿Qué figura del teatro te queda por explorar?

Me quedan muchos por explorar y además, curiosamente, cuando yo deseo un trabajo no es para hacer un personaje, sino para hacer un autor. Para mí el autor teatral, los que han pasado la criba de los siglos y permanecen en la dramaturgia universal, es porque tienen una calidad extraordinaria y porque a través de sus obras el ser humano crece, se emociona y sobre todo reflexiona sobre su propia vida y la sociedad que le envuelve. Hay cuatro autores que no he tocado profesionalmente aún: Pirandello, Chéjov, Shakespeare y Mamet.

Pero la verdad es que podría decir otros miles porque lo que me aporta cada autor es un estilo distinto, una forma de pensar y de reflexionar distinta y a la hora de afrontar un personaje todos tienen unos matices o unos mecanismos distintos y con esa diversidad, tu carrera se enriquece y aprendes.

¿Qué prefieres televisión, teatro, musical o cine?

Lo prefiero todo, porque luego ya la vida se encarga de ir colocándote cada vez en un lugar distinto. Yo me he preparado para cine, teatro, musical, verso, teatro de comedia, teatro trágico… Porque creo que la preparación en un actor es una obligación, no creo que se deba elegir entre prepararse o no preparase, es fundamental hacerlo. Y eso te ayuda a que en cualquier momento cuando te ofrecen algo distinto lo puedas afrontar.

¿Cuáles son las diferencias a la hora de afrontar personajes en cine televisión y teatro?

 Los tres medios requieren de una profundización extraordinaria hacia el personaje, su entorno, lo que piensa, su psicología, su pasado… Todos esos análisis se tienen que efectuar en todos los medios, luego a la hora de expresar es cuando varía. En teatro tienes que incorporar e interpretar todo el cuerpo, proyectar la voz, pero tiene que tener tanta verdad como pueda tener un primer plano en el cine, pero es una verdad más externa, partiendo desde dentro pero más proyectada hacia fuera. No creo en el teatro de forma, sino que creo en el teatro de contenido interior. Me gusta matizarlo, porque siempre en el teatro busco la verdad absoluta para poder trabajar. Y el cine y la televisión lo mismo.

En la televisión tienes que estar más preparado para la improvisación porque como hay tres cámaras y te graban las tres a la vez, no puedes perder ni un segundo de actuación, tienes que estar conectado con la escena siempre, porque es más directa, es más espontánea, no puedes perder el hilo ni un segundo, tienes que estar lanzándote a la piscina.

El cine es más laborioso puesto que es más interior, es limar, es pulir y suavizar todo para que el pensamiento interior salga sin ningún adorno. En el cine se ve lo que piensas. Hasta si piensas que se te va a olvidar la letra o si tienes dudas con las acciones… El cine tiene que ser un pensamiento interior muy puro, sin adornos.

También eres productora tanto de obras como de festivales, ¿cómo combinas ambas facetas?

Coordiné la producción de festivales hace años, ahora ya no. Ahora he producido un espectáculo musical con mi nueva productora, LAMARSÓ produce, que es la que he tenido siempre, pero ahora le he cambiado el nombre. He aprendido mucho al producir este espectáculo musical 24 horas en la vida de una mujer adaptación de la novela del insigne escritor Stefan Zweig, aunque me faltan horas para todo.

Lo importante es rodearte de buenos profesionales como es el caso que yo he tenido: he disfrutado de un gran director, así como del resto del equipo artístico: escenógrafo, diseñadora de vestuario, diseñador de luces, diseñador de sonido… Creo que he tenido el mejor equipo de las artes escénicas que se pueda tener. Y también me acompañan unos estupendos actores como Felipe Ansola o como Germán Torres y unos buenos músicos como el director musical Josep Ferré y dos violonchelistas y violinistas maravillosos… Creo que con ellos he conseguido llevar un producto comprometido, innovador; porque es muy diferente de todo lo que se hace en la actualidad y al mismo tiempo creo que es necesario, para para no anquilosarnos ni hacer siempre lo mismo. Actualmente lo estoy llevando por toda España en gira.

Me siento afortunada por el resultado en el teatro de La Abadía, la crítica de todos los medios ha sido muy positiva y eso es alentador, porque es duro emprender algo tan ambicioso desde la nada, (aún recuerdo el día que fui a ver el espectáculo a París,) y hasta que se levantó el telón pasaron dos años y aquello se había convertido en una realidad, con todo el esfuerzo… Fue inmenso el trabajo y la dedicación que tuve que dedicar al proyecto por eso me parece un sueño haber estado en el teatro de La Abadía llenando un mes. Además, tuvimos que hacer una prorroga porque antes de estrenar ya se habían vendido todas las entradas y eso es maravilloso.

¿Hay algo que consideras fundamental en tu vida, aparte de la cultura y el teatro?

La naturaleza. Creo que los seres humanos estamos muy apartados de ella, incluso cuando la gente se va a vivir fuera de las grandes ciudades sigue estando apartada porque las urbanizaciones están diseñadas por el hombre y no tienen nada que ver con los ciclos del planeta. Mis vacaciones idílicas siempre son en contacto con la naturaleza.

Yo recuerdo el año más feliz de mi vida cuando con diez años nos fuimos a vivir a una casita que estaba rodeada de campos de trigo en un pueblo de Girona, por primera vez en mi infancia descubrí lo que era la primavera, el verano, el otoño, el invierno, pero no por la moda de unos grandes almacenes, sino por el crecimiento del trigo, con su olor, sus cambios de color, por el viento azotando esos campos y lo recuerdo como un descubrimiento, como algo iniciático que me provocó el amor al planeta. A partir de ese momento fui una consumada ecologista, antes de que se hablara de ese término incluso, en cuanto vino Greenpeace a España lo primero que hice fue inscribirme como socia, porque amo la naturaleza.

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